Buscando la igualdad en la sociedad y en la iglesia

Buscando la igualdad en la sociedad y en la iglesia

Otro 8 de marzo marca el calendario, y miles de personas saldrán a las calles en España para unirse a las reivindicaciones por la igualdad en el Día Internacional de la Mujer.

El movimiento feminista tuvo su origen en Estados Unidos y tiene una relación directa con la labor de mujeres de fe evangélica. Como explica Asun Quintana, uno de los primeros documentos del feminismo, la Declaración de Seneca Falls, se aprobó en una capilla metodista en 1848, un texto que afirmándose en “que todos los hombres y mujeres son creados iguales; que están dotados por el Creador de ciertos derechos inalienablesreivindicaba el derecho a voto y la igualdad de hombre y mujer, enfrentándose a “las repetidas vejaciones y usurpaciones perpetradas por el hombre contra la mujer, con el objetivo directo de establecer una tiranía absoluta sobre ella”.

170 años después, el feminismo ha conseguido victorias, pero siguen detectándose ámbitos en los que queda camino por avanzar.

Monumento en Washington a Lucretia Mott, Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony, pioneras del feminismo en Estados Unidos. /Dominio público, Wikimedia Commons

CONTRA LA INJUSTICIA

El manifiesto feminista del 8 de marzo enumera algunas de estas reivindicaciones. Preguntamos a Ana Domínguez, que forma parte de la junta de Aglow España -entidad evangélica interdenominacional que trabaja por promover la reconciliación entre hombres y mujeres- cuáles de estas reivindicaciones comparten.

Destaca Domínguez la importancia de que “se consideren las violencias machistas como una cuestión que atañe a toda la sociedad” de forma que “haya cambios culturales, en las ideas, actitudes, relaciones y en el imaginario colectivo”. Apunta también a la justicia “para que se apliquen de forma efectiva las leyes contra las violencias machistas y se amplíen para incluir la violencia sexual” y se ejercite la “protección, la reparación y la justicia” a quienes son víctimas.

En el ámbito internacional, el manifiesto también pide que se garanticen los derechos “para todas las mujeres”. Otro aspecto que entra en estas reivindicaciones es el reconocimiento del “valor y dignidad del trabajo doméstico y de cuidados que realizamos las mujeres, y los derechos de quienes los realizamos”, así como el deseo de que “se asuma la corresponsabilidad por parte de todos los hombres, de la sociedad y del Estado”. Sobre el trabajo se exige que “se rompa la división sexual del trabajo que nos condena a la precariedad, la discriminación laboral y los trabajos peor pagados, no remunerados, invisibles e ilegales”, y se defiende “crear alternativas para las trabajadoras migrantes en situación administrativa irregular”.

La desigualdad salarial sigue presente, tal y como recoge la estadística del INE. / INE

Para Ana Domínguez, los evangélicos “no debemos tener miedo a unirnos a actividades seculares que respalden la defensa de los derechos de la mujer, siempre y cuando no contravengan nuestros principios y valores cristianos”, apunta.

Priscila Romo es trabajadora social y activista pro derechos humanos. En su opinión “tenemos que reconocer que se ha progresado algo en el ámbito legal y la Constitución, donde se reconoce la igualdad de sexos”. Sin embargo lo que pone el papel no siempre se cumple en la práctica. “Las mujeres todavía lidian con desigualdad en el plano laboral, familiar y me atrevería a decir que incluso en el eclesial”, afirma.

RECUPERAR UN FEMINISMO INCLUSIVO

En una sociedad como la nuestra y con el calendario de elecciones que tenemos por delante, parece difícil encontrar alguna voluntad política constructiva, y las posiciones de enfrentamiento ganan repercusión.

“En medio de este caos de voces que gritan, se está creando tensión entre diferentes corrientes de pensamiento”, reflexiona Priscila Romo. “El movimiento que a mí me representa es aquella corriente de genuino feminismo que respeta a los hombres y que junto a ellos lucha por una igualdad para todos”, comenta.

Ana Domínguez añade que los evangélicos debemos participar en el debate social dado que “desde un discurso bien estructurado y argumentado podemos alzar la voz en foros públicos como universidades o plataformas culturales”. La portavoz de Aglow da varias ideas: “desde nuestras Asociaciones, Iglesias o centros de ayuda social podemos organizar talleres sobre igualdad, derechos de la mujer, violencia de género, etc. También podríamos dar a conocer, desde exposiciones artísticas y actividades culturales, el protagonismo de la mujer desde el relato bíblico hasta la actualidad y cómo la mujer ha tenido una presencia abrumadora en la construcción de los cimientos de las sociedades”.

Para Pedro Tarquis, director de Areópago Protestante, también en el ámbito evangélico algunos sectores están enfrentándose contra el feminismo por asociación. “Los evangélicos estamos confundiendo la palabra “feminismo” como equivalente a “ideología de género”. Sin duda hay feministas en la ideología de género. Pero lo triste, lo muy triste, es que no haya una corriente de genuino feminismo cristiano entre el pueblo de Dios. Un feminismo que no hace mejor o superior a la mujer respecto al hombre, sino sencillamente iguales en valor, con características diferentes”, afirma Tarquis.

“Como mujer, puedo decir que he tenido el privilegio de tener hombres a mi lado que siempre me han valorado y apoyado. Y como estos, hay muchos otros hombres que nos apoyan y luchan junto a nosotras para una igualdad real”, añade Priscila Romo, que reivindica una igualdad enraizada en la fe: “la igualdad que Dios ya nos demostró en la cruz, cuando entregó a su hijo para salvarnos a todos, sin hacer distinción de raza, género o condición”.

EL EJEMPLO DE JESÚS

La dignificación de la mujer por Jesús quedó reflejada en el arte paleocristiano, como en esta escena encontrada en Roma que ilustra la sanación de la mujer sirofenicia.

Hace unas semanas, Pedro Tarquis publicaba un artículo en el que defendía el “feminismo de Jesús”. “Tenía mujeres entre sus discípulos, amigas (Marta y María, por ejemplo), dignificando a la mujer en todo momento y circunstancia (la mujer encorvada, la enferma con flujo de sangre, la mujer adúltera, etc). Y se acercó a aquellas que los hombres despreciaban pero que comerciaban con su cuerpo (la pecadora en casa de Simón el fariseo; incluso Jesús mismo eligió desde antes de los tiempos descender de una prostituta extranjera, Rahab). En este sentido como en otros muchos Jesús fue revolucionario para su tiempo”, expresa Pedro Tarquis.

Coincide Priscila Romo en el modelo de Jesús. “El hecho de que también retara las leyes sexistas sociales en aquel entonces, me confirma que el movimiento feminista no es algo que se aleja de lo que encontramos en la Palabra de Dios”.

AVANZAR EN LAS IGLESIAS Y ENTIDADES EVANGÉLICAS

La actitud de Jesús, sin embargo, no siempre ha encontrado reflejo en la iglesia. “Debemos y podemos ser sal y luz, empezando por nuestra casa -afirma Priscila Romo-. La iglesia debe avanzar en igualdad incluso en sus propias congregaciones, donde todavía no hay mujeres en lugares de verdadera responsabilidad o relevancia”.

Ana Domínguez plantea que la iglesia necesita “tomar una posición pedagógica frente al machismo, la violencia de género, el aborto, la identidad sexual, la igualdad de derechos y responsabilidades entre hombres y mujeres”. Y aunque “algunas iglesias asignan diferentes roles ministeriales al hombre y a la mujer, ninguna mujer debería ser menospreciada por el simple hecho de ser mujer”, reconociendo “plenamente el llamado y ministerio probado de la mujer”.

En esa acción pedagógica, la portavoz de Aglow propone abrir foros “sobre temas de género y sobre la contribución de la mujer al desarrollo de la iglesia en la actualidad”, donde también se examine el asunto del machismo. “Es uno de los problemas silenciosos (silenciados) que viven las mujeres cristianas hoy en día y que muchas iglesias están ignorando y mirando hacia otro lado. Al igual que el concepto distorsionado de la sumisión que nada tiene que ver con la exégesis bíblica”, considera Ana Domínguez.

“Para mí es una vergüenza -apunta Pedro Tarquis- ver que casi no hay mujeres en lugares de verdadera responsabilidad o relevancia (ya no hablo sólo del pastorado, cuestión de debate que dejo al margen), sino en seminarios, instituciones, ONGs, federaciones, alianzas, consejos, medios de comunicación, entidades paraeclesiales, congresos, encuentros, editoriales, empresas cristianas… Y esto comienza en la propia iglesia local, donde mujeres de enorme valía (a veces más que reconocidas en su labor profesional extraeclesial) “solo” sirven para cantar, llevar la escuela dominical, ayudar en la obra social u otro tipo de servicio similar”.

En el ámbito institucional también hay trabajo por hacer, añade Ana Domínguez. “Es importante tener implementadas políticas de igualdad salarial dentro de nuestras Iglesias y Asociaciones; así como medidas de conciliación familiar para personas que de manera voluntaria o remunerada trabajan en nuestras entidades”.

Al mismo llamado se une Priscila Romo, porque más allá de las reclamaciones políticas o acciones de gobierno, hay una responsabilidad personal y de comunidad que asumir. “Necesitamos hombres y mujeres cristianos, padres y madres, jóvenes, líderes y pastores que vivan y defiendan la igualdad, y que juntos, como cuerpo e Iglesia, alcemos nuestra voz por la mujer, reclamando el lugar que Dios le da”.

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