El erotismo de los corzos

El erotismo de los corzos

Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por los corzos y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera. (Cnt. 2:7)

El corzo es la traducción del término hebreo, yajmur, יַחְמוּר, que se refiere a una especie de venado. En la Septuaginta, dicha palabra se tradujo por búbalos, βούβαλος, y así también en la versión latina de la Vulgata.

En el AT se incluye entre los animales comestibles (Dt. 14:5; 1 R. 4:23) y, además, se consideraba elegante, delicado, inocente y veloz, por lo que se le menciona en la literatura poética (Cnt. 2:7, 9 17; 3:5; 8:14).

Los corzos (Capreolus capreolus) son los mamíferos artiodáctilos más pequeños de la familia Cervidae que existen en Eurasia. No obstante, su tamaño es mayor que el de las cabras.

Las cuernas de los corzos macho suelen tener tres puntas y se les caen cada año a principios del invierno.

Los machos adultos pueden alcanzar una altura hasta la cruz de 65 cm y un peso de 30 kilos. Son animales rumiantes de los que existen varias subespecies distribuidas desde Europa hasta el norte de China.

Se alimentan de brotes tiernos, hojas y bayas. Los machos presentan cuernos pequeños (de un palmo de longitud) en forma de lira y terminados en tres puntas, que suelen perder cada año a principios del invierno, mientras que las hembras carecen de ellos.

Su pelaje es leonado en verano, volviéndose más oscuro en la estación fría. El vientre y las patas son mucho más claras. Son característicos los gritos que emiten ambos sexos ya que recuerdan los ladridos de los canes.

Dos ejemplares hembra de corzo descansando en el interior del bosque.

Aparte del ser humano, sus principales depredadores han sido los lobos y los linces. Los corzos son animales que no se adaptan a la domesticación. En ocasiones se han encontrado crías, aparentemente abandonadas en la espesura, y se las ha intentado criar en cautividad pero a los pocos días suelen morir.

La amada del Cantar de los Cantares (2:7), a la que se refiere la cita del principio, para evitar nombrar al Altísimo o jurar por Dios, les pide a las vírgenes de Jerusalén que juren por los corzos y por las ciervas -símbolos eróticos y amorosos de aquella época-, con el fin de no entregarse sexualmente a nadie hasta que llegue la persona adecuada y el momento oportuno, tal como hace ella.

Si esta interpretación del texto es la correcta, parece rechazarse expresamente las relaciones premaritales.

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