Sospechosos de creer

Sospechosos de creer

Durante la pasada campaña electoral, en una de las múltiples entrevistas televisivas un conocido periodista preguntó a Pablo Casado (candidato entonces a la presidencia por el Partido Popular) sobre el aborto. Su respuesta se centró en una defensa de la vida de la mujer embarazada y el no nacido a través de ofrecer ayuda, apoyo y salidas alternativas.

Al acabar ese discurso, el periodista le dijo: “Usted me responde eso porque es católico”.

No quiero entrar en el tema del aborto, ni en la cuestión política. Pero sí en el argumento utilizado por el periodista en su afirmación.

Si alguien busca alguna solución alternativa al aborto, enfatizando la defensa de la vida del no nacido, es sospechoso de ser religioso. O a la inversa, las ideas religiosas son sospechosas si intervienen en la vida pública.

Se habla en nuestra sociedad de pluralidad, inclusividad, tolerancia, pero todo eso termina cuando la opinión o posicionamiento venga de una persona con creencias religiosas como si estas fuesen sospechosas en sí mismas.

Es curiosamente la misma imagen, aunque a la inversa, de lo que ocurría en el tan denostado franquismo. Entonces quien no era un buen católico (aunque fuese en apariencia) era considerado una persona indigna de participar en la vida pública.

Un segundo ángulo a analizar de esta pregunta del periodista es el absurdo de que quién no tiene creencias religiosas carece de una influencia detrás de sus ideas.

El ateísmo, el relativismo, la ideología LGTBI (a la que pertenece al mencionado periodista), el hedonismo, son toda una estructura de creencias que influyen de manera indudable en la visión y valores de un ser humano, y por supuesto de los políticos y de los partidos.

Pero nadie le diría en una entrevista a un político: “Usted me responde así porque es agnóstico”.

No quiero decir que toda creencia religiosa sea un valor en sí misma. Tampoco que no haya personas “no creyentes” que atesoren valores dignos y positivos.

Lo que quiero decir es que se estigmatiza a priori, se condena per se, cualquier idea que parta de una persona que tiene una cosmovisión de la vida basada en la fe. Y eso es una aberración.

En el caso concreto del cristianismo evangélico o protestante, fue precisamente esa fe la que tras la Reforma protestante introdujo y desarrolló las democracias, las libertades, los grandes avances en educación, la igualdad de derechos de la mujer y otros tantos logros.

Logros que esta sociedad está destruyendo al rechazar a los mismos que la impulsaron.

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